lunes, 15 de diciembre de 2008

Innovación, Prosumidores y Tercer Sector


La supervivencia de las empresas en muchos sectores -sobre todo en aquellos de naturaleza hipercompetitiva (informática, electrodomésticos, automoción,...)- se encuentra ligada a la capacidad innovadora. El sector social no tiene todavía una presión de ese calado (productos nuevos a precios cada vez más bajos) pero sí es cierto que está notando algunos indicios ante los cuáles tiene que reaccionar (competencia cada vez mayor por los fondos públicos y privados, nuevas estrategias para afrontar las causas sociales, adaptación a las nuevas tecnologías,...). Desde esta perspectiva, la innovación como eje de funcionamiento estratégico de las organizaciones sociales puede ser un revulsivo y regenerador (en la medida que cree valor para los principales stakeholders) no sólo a nivel externo -por los nuevos servicios- sino también a nivel interno -por las nuevas capacidades que genera-. Así, la innovación social tiene un componente “ad-extra” en donde se visualiza su alcance y dinamismo; pero no menos importante es el componente “ad-intra”, cuyo impacto en los propios agentes de cambio puede ser de especial relevancia. Como ya indicábamos -y siguiendo el paralelismo de Alvin Toffler- si hoy asistimos posiblemente a que la transparencia es la segunda ola de regeneración de las instituciones sociales (Compasión y cálculo, 1998), la tercera ola sería seguramente la innovación (un paso más allá de la calidad, necesaria pero no suficiente): incorporar en los procesos la atención a lo novedoso y eficaz, promover el cambio y la renovación y estimular el progreso para ser cada vez más eficaces en la misión institucional generando un círculo virtuoso (ver imagen) en relación a este eje estratégico. Este enfoque hacia la innovación requerirá utilizar nuevos recursos potenciales como los que Alvin Toffler llama como ‘prosumidores’. El término fue acuñado por él y su esposa Heidi, y se refiere a aquellos consumidores que producen bienes o servicios por los cuales no obtienen un ingreso pero que a la postre generan un impacto en la economía. El grupo de los ‘prosumidores’ es vasto, en él figuran desde las madres de familia y los trabajadores voluntarios hasta los líderes vecinales y los bloggers, entre otros. Todos ellos realizan alguna actividad no remunerada que genera un beneficio a otras personas o a ellos mismos, ya sea un almuerzo, un trabajo social, mejoras al vecindario o una página personal en internet. “Es un fenómeno en el que los consumidores crean valor económico por sí mismos y posteriormente transfieren ese valor a la gran economía monetaria”, explica Toffler. La aportación (no monetaria) de los ‘prosumidores’ a la economía aún no ha sido medida por los economistas, pero se prevé que ésta aumentará significativamente en los próximos años conforme las personas tengan un mayor acceso a las nuevas tecnologías de comunicación e información. Seguramente el campo menos explotado por el Tercer Sector es el de la web 2.0 -por lo menos a nivel español-. En todo caso, como ocurre en las instituciones que actúan en entornos competitivos -con demandas desde diversos frentes y con recursos escasos- y en lógica con los procesos de calidad "lo que no se puede medir, no se puede mejorar". No nos encontraremos en esa dimensión de enfoque innovador en el Tercer Sector hasta que no exista una esfuerzo por medir y controlar los resultados de la innovación (de la misma forma que se esfuerzan las empresas, como indica en su informe la consultora Mckinsey). ¿Seguimos haciendo lo mismo de siempre?¿cómo valoramos las nuevas ideas?¿qué están haciendo otras organizaciones y nos gustaría hacer?¿por qué no nos han dado una ayuda para este proyecto y se lo han dado a otra organización con una misión semejante?¿cómo surgen nuevas ideas en nuestra organización?¿existe oportunidad de generarlas o simplemente de compartirlas?¿qué impresión general o balance -positivo o negativo- hemos obtenido al autoevaluarnos de todas estas cuestiones?