viernes, 7 de noviembre de 2008

Mondragón (MCC) y el cooperativismo: experiencia de innovación


Ayer estuve en Oñati en el Master Oficial de Administración de Empresas de la Universidad de Mondragón. Es una suerte tener la oportunidad de ir algunos días al año por el País Vasco y tener algún contacto con la experiencia cooperativa que allí surgió en 1956 bajo la iniciativa de inspiración social del párroco coadjutor de Mondragón -Don José María Arizmediarrieta, hoy día postulado a ser beatificado- y que se ha convertido en un enorme árbol de más de 80.000 trabajadores de los cuáles el ochentan por ciento son propietarios de su empresa. El carácter excepcional de las personas que la fundaron, así como las circunstancias históricas, económicas y sociales que rodearon su origen inciden necesariamente en el carácter idiosincrásico e irrepetible. Adoptando la estructura corporativa de una multinacional actúa y se expande en un entorno globalizado. Mondragón Corporación Cooperativa (MCC) es el fruto de personas que asumen como idea motriz el antipaternalismo, o de otra forma, asumir el propio destino. Lo importante es asumir la propia responsabilidad en el campo de trabajo y de la generación de riqueza. Una persona, una comarca, un pueblo, una ciudad, una empresa padece, en numerosas ocasiones, lo que se merece si piensa que los demás son los únicos responsables de sus problemas. Es decir, debemos concienciarnos en asumir una responsabilidad que es incompatible con la apatía, la pasividad, y el esperar a que papá, bajo la forma de gran empresa o de estado benefactor, nos resuelva el problema en el que no hemos puesto "toda la carne en el asador". Cada estudiante, cada trabajador, cada empresario y por qué no, cada entidad pública tienen mucho que decir, pero sobre todo que hacer. Pero las circunstancias cambian. Tal y como manifiestaba Alfonso Gorroñogoitia (la "G" de ULGOR: la cooperativa germinal, al que tuve la suerte de conocer cuando estuvo en Córdoba en la década de los noventa) el presente, por espléndido que fuere, lleva impresas las huellas de su caducidad si no se proyecta al futuro, o como repetía Don José María: nuestro cooperativismo es un proceso orgánico de experiencias. (por cierto también propuso en el año 1973 el proverbio chino que inspira este blog). De hecho, una de sus características substanciales es la de haber sido poco dogmáticos, la de no aferrarse a unas determinadas formulaciones concretas y, consiguientemente, la de estar abiertos a las transformaciones e innovaciones sociales requeridas por las diferentes etapas de su historia. Todo ello ha presupuesto un talante inconformista, un estímulo permanente en lo que queda por hacer -más allá de la inoperante complacencia por lo ya hecho-, una actitud de búsqueda a las diferentes formas de manifestación de la conciencia colectiva, a la evolución de los valores culturales dominantes y a las siempre renovadas exigencias que implica la mutación de la tecnología y la irrenuncialble competitividad. En resumen, la experiencia de Mondragón -hoy día MCC- ha procurado asumir y practicar la idea de que el signo de la vitalidad de una institución no es durar, sino renacer y adaptarse. El prestigio y las posiciones de liderazgo a nivel sectorial de las empresas que forman parte de la experiencia, parecen mostrar que la fórmula MCC fundada en la autoayuda en un contexto democrático y la capacidad de adaptación funciona en espacios y en contextos cada vez más diveros. Por cierto ya están reaccionando ante la crisis http://www.observatorioeconomiasocial.es/index.php?id_noticia=899 ¿Estaríamos dispuestos a asumir integramente la filosofía vital que inspira este modelo? Recientemente la Fundación EZAI vinculada a este grupo empresarial, acaba de publicar un documento en donde habla de la contribución del cooperativismo a la innovación social: LA COOPERATIVA COMO ELEMENTO DINAMIZADOR DE LA INNOVACIÓN. Si estáis interesados en ver este informe: http://www.ezai.coop/spip.php?article128

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