miércoles, 26 de noviembre de 2008

Innovaciones sociales en el Siglo XX



Hablar de cambio social, ingeniería social o intervención social no es nada nuevo (Manheim, Popper,…). La sociología se ha ocupado profusamente de estos conceptos convirtiéndolos en especialidades y objetos de estudio. Sin embargo, desde la misma sociología, se entiende la innovación social como una nueva esfera de acción de la disciplina y que incluso reclama el retorno de la función del sociólogo. Como en todos los conceptos existen diversas aproximaciones coincidentes en algunos aspectos y que enfatizan unos u otros. Para unos, consistiría en un proceso en donde una idea se transforma en una política o un servicio público nuevo, una institución o un proceso social nuevo que satisfaga necesidades de los ciudadanos o mejore la eficacia de la acción de gobierno a cualquier nivel. La CEPAL añade algunas notas características más: se trataría de una acción endógena o intervención exógena de desarrollo social que a través de un cambio original/novedoso, en la prestación de un servicio o en la producción de un bien, logra resultados positivos frente a una o más situaciones de pobreza, marginalidad, discriminación exclusión o riesgo social, y que tiene potencial de ser replicable o reproducible. Para otros, la innovación social afecta a las relaciones sociales de gobernanza y a la satisfacción de las necesidades básicas que aquellas dejan al descubierto: innovaciones en los procesos de manifestación de necesidades, en las formas de cooperación, en la comunicación y en una gobernanza adecuada facilitadora de dichos procesos (Zurbano, 2008). Otra acepción insiste en lo social como campo de aplicación asociando lo innovador –o reduciéndolo- al ámbito de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC). La innovación, en general, es un recurso inestimable para el aumento de la competitividad de los territorios, de la sociedad e incluso de las instituciones. Pero la innovación de carácter social tiene una serie de rasgos específicos que la diferencian de la innovación de carácter tecnológico–económico como son: su orientación hacia la resolución de problemas sociales –más que al mercado–, el uso intensivo de capital intelectual en su vertiente humana y relacional –más que financiero–, su tendencia a la difusión abierta –en lugar de la protección de la idea– y su carácter también complejo, más que en aspectos tecnológicos, en cuestiones relacionales. Desde este punto de vista pueden considerarse como innovaciones sociales instrumentos –los microcréditos, el banco de tiempo…–, prácticas y metodologías –el comercio justo, los presupuestos participativos, mercados de donantes-, formas institucionales –profesionales "sin fronteras", organizaciones para la defensa medioambiental "hiperveloces"– o experiencias más idiosincrásicas. El desarrollo de la web 2.0 añade a la innovación social una doble dimensión: reduce la complejidad relacional facilitando la interrelación, por un lado, y la hace más participativa y directa, por otro. Sobre todos estos aspectos reflexionamos en nuestro trabajo publicado en el último número de la Revista de Fomento Social titulado: Innovación social: una realidad emergente en los procesos de desarrollo. Para conseguirlo hay que estar suscrito a la revista. En caso de que no tengáis acceso y tenéis un interés especial podéis pedírmelo.