jueves, 1 de septiembre de 2011

Emprendimiento social en España: datos y propuestas

En su edición del 2009, el proyecto GEM (Global Entrepreneurship Monitor), contó por primera vez con una nueva sección dedicada a la actividad emprendedora social. Para analizar este fenómeno se incluyeron varias preguntas especialmente diseñadas a este efecto(en la del 2010 todavía no hay datos específicos). Con esto, el GEM se convierte en el primer estudio capaz de reunir información cuantitativa y cualitativa acerca de este tipo de actividad en más de 50 países.

Los datos más relevantes –y propuestas que me sugieren los mismos- referidos a España son los siguientes:

1) TASA DE ACTIVIDAD EMPRENDEDORA SOCIAL EN ESPAÑA ES BAJA: Al igual que para la actividad emprendedora “tradicional”, el observatorio GEM ha desarrollado un índice que permite medir la tasa de actividad emprendedora social SEA (siglas de Social Entrepreneurship Activity). Este índice arroja una disparidad elevada por países, y oscila entre un elevado 5,4% en Dinamarca y un reducido 0,12% en Guatemala. Aunque el rango de variación no parece seguir ninguna pauta específica en función del nivel de desarrollo de cada país, en términos generales la tasa media del SEA sí parece ligeramente superior en los países más desarrollados (en torno al 2% que se registra en países como Estados Unidos, Finlandia o Reino Unido). Sin embargo, y pese a pertenecer a dicho colectivo, España presenta una de las tasas más reducidas del entorno GEM, con tan sólo el 0,53% de la población adulta involucrada en alguna iniciativa emprendedora de carácter social.

PROPUESTA: El sector social en España necesita de un mayor impulso para adquirir un dinamismo comparable al de otros países vecinos como Francia o el Reino Unido.

2) EL NIVEL DE INICIATIVAS EMPRENDEDORAS SOCIALES (NATALIDAD) PARECE ESTAR EN AUGE: El indicador SEA se puede analizar en función de la fase de desarrollo de la organización creada, es decir si es naciente o nueva. La tasa de actividad social naciente duplica, en España, el nivel de las actividades sociales nuevas o de las empresas sociales ya establecidas. Esto puede tener dos lecturas; la primera consiste en considerar que el fenomeno del emprendimiento social está en pleno auge en España, lo cual explicaría un incremento notable durante este año en el número de personas en proceso de lanzamiento de este tipo de iniciativa. La segunda interpretación, menos optimista, plantea la existencia de ciertas dificultades para llevar dichas inicitativas a buen puerto, con el consiguiente resultado de que sólo la mitad de las organizaciones sociales creadas consiguan sobrevivir más allá de los 3 primeros meses. Es probable que la respuesta esté en una combinación de ambos escenarios, puesto que varios datos apuntan por un lado, hacia un interés creciente de la poblacion española por el fenómeno del emprendimiento social, y por otro, al hecho de que muchos proyectos sociales mueren al poco tiempo de haber nacido.

PROPUESTA: Hay que apoyar la consolidación de las iniciativas emprendedoras sociales. La situación de crisis económica crea, pues, una situación de difícil salida: el agotamiento de los modelos tradicionales de negocio impulsa a los emprendedores sociales que, sin embargo, sucumben a esa misma situación de fatiga económica. Si no se apoya este fenómeno emergente se corre el riesgo de asociar “el emprendimiento social a fracaso” cuando en realidad se trata de una situación coyuntural.

3) EMPRENDIMIENTOS SOCIALES INNOVADORES. En el estudio se procedió a distinguir entre varios tipos de emprendimiento, reagrupando las iniciativas sociales en función de tres criterios fundamentales: la priorización de los objetivos sociales –o medioambientales- con respecto a los económicos; la generación de ingresos en base a una actividad lucrativa y la innovación. El resultado son cuatro grandes categorías de empresas sociales :
1) Las ONGs tradicionales (tienen una misión social y el estatus de organización sin ánimo de lucro).
2) Las empresas sociales sin ánimo de lucro (mismo que las ONGS pero con un claro componente innovador).
3) Las empresas sociales híbridas (tienen una misión social y alcanzan la sostenibilidad económica en base a una mezcla de ingresos propios y donaciones filantrópicas)
4) Empresas sociales con ánimo de lucro (mezcla de misión social y objetivos económicos – conocido en inglés como double bottom line-, y sostenibilidad económica basada en la generación de ingresos propios).
Los análisis realizados muestran que el tipo de organizaciones sociales creadas en España coincide con el de la mayoría de los países que pertenecen al grupo de “desarrollo en base a la innovación”. Estos países destacan por una proporción elevada de empresas sociales no lucrativas, es decir de ONGs que intentan abordar los problemas sociales de una forma innovadora y/o que utilizan herramientas de gestión propias de las empresas tradicionales con el fin de mejorar su eficiencia e impacto social. A estas le siguen las empresas sociales híbridas y las ONG tradicionales. En último lugar se encuentran las empresas en las que la misión social va de la mano de la consecución de lucro económico.

PROPUESTA: El coaching de iniciativas emprendedoras a nivel social puede convertirse en una herramienta de consolidación de este tipo de experiencias
(El programa de apoyo lanzado por la Generalitat de Catalunya se ha fraguado en este sentido articulando un triple objetivo: búsquedade proyectos de emprendedores sociales, creación de un ´ecosistema´ de soporte técnicoy económico para que su consolidación y la difusión de buenas prácticas puedan ser replicadas).

5) EL PERFIL DE LOS EMPRENDEDORES SOCIALES:

-EMPRENDIMIENTO SOCIAL Y GÉNERO: La participación femenina alcanza unos niveles inferiores a los del hombre, siendo el ratio mujer/hombre de un 64% de hombres respecto a un 36% de mujeres. ¿A qué se deben estás diferencias de género? Esta distribución de la actividad emprendedora social por género sigue una pauta parecida a la actividad emprendedora en general. En principio podemos plantear la posibilidad de que las mujeres emprendedoras se enfrentan al mismo tipo de barreras independientemente del hecho que tengan una misión social o no.

-EMPRENDIMIENTO SOCIAL Y JUVENTUD: La distribución la actividad emprendedora social por grupos de edades arroja una pauta parecida a la del resto de los países “innovation-driven”, en el que predominan los emprendedores sociales jóvenes (25-34), aunque se diferencia de estos a la tener una proporción mucho más reducida de emprendedores muy jóvenes (18-24). Este dato podría resultar a primera vista sorprendente dada la elevada participación de los jóvenes españoles en organizaciones sociales. No obstante, parece que dicha participación, que generalmente toma la forma de voluntariado, tarda algunos años antes de materializase en la creación de una organización propia.

-EMPRENDIMIENTO SOCIAL Y FORMACIÓN. La distribución de emprendedores sociales por nivel de estudios merece especial atención pues, a diferencia de lo que pasa en el resto de los países que pertenecen al grupo de “desarrollo en base a la innovación”, se caracteriza por una elevada preponderancia de personas con nivel de estudios medios o FP, y una muy reducida representación de emprendedores con otros niveles educativos. De especial relevancia es la escasa participación de personas con estudios superiores en el sector social en contraposición con otros países en los que es el segmento de población con estudios superiores el que copa este tipo de iniciativas.

PROPUESTA: Existe un notable déficit de impulso y concienciación del emprendimiento social en el sistema educativo especialmente a nivel universitario.
( Son de alabar las iniciativas de MBA en emprendimiento social de la UOC -dirigido por Patricia Sáez- la EOI -dirigido por Rodolfo Lewin- y la Escuela de Emprendedores Sociales del CIADE en la Universidad Autónoma de Madrid)

No cabe duda que los reconocimientos otorgados a Drayton (Príncipe de Asturias de Cooperación) y Yunus (Premio Nobel de la Paz) están poniendo el emprendimiento social “de moda”. Pero en un contexto de crisis como el actual, en el que buena parte de la sociedad percibe el desmoronamiento del estado de bienestar sino también de los valores que lo sustentaban, esta "moda" podría convertirse en "pasajera" sino se instauran los mecanismos adecuados para su desarrollo equilibrado y responsable.