jueves, 9 de septiembre de 2010

Empresas RSR (“resilientes” y “socialmente responsables”).


Resistir, agarrarte a lo que tienes es una opción desde la que puedes –con sacrificio y esfuerzo- desarrollar capacidades y lograr resultados inesperados resurgiendo como el “ave phoenix” de sus propias cenizas. En el mes de julio participé en un curso de verano organizado por ACEL y la Universidad de Cantabria en la que tuve la oportunidad de conocer algo de diversas experiencias empresariales “resilientes” (han sabido sacar fuerzas, en situaciones extremas, para desarrollarse y salir adelante) pero también socialmente responsables. Esto es lo que hicieron los trabajadores de la conocida Magefesa hace quince años. En un sector tecnológicamente maduro como el del menaje de cocina, altamente competitivo y fácilmente accesible para las industrias emergentes de los países asiáticos o del Este de Europa algunos de los trabajadores de la hundida Magefesa fundaron en 1995 Vitrinor (Vitrificados del Norte), como sociedad anónima laboral. Los frentes abiertos eran muchos y todos se mostraban igualmente importantes y urgentes. Primero fue sostener las relaciones y la reputación que quedaba de la antigua industria y continuar pagando compromisos a corto y medio plazo. Segundo orientar los esfuerzos inversores hacia la elaboración de productos de gama media-alta, donde la competencia es mucho menor. Tercero canalizar la posible obtención de recursos hacia el aumento del rendimiento de las instalaciones que en su día utilizó la antigua fábrica de Magefesa en Guriezo (Gursa). La verdad es que no sé si lo hicieron en este orden, pero seguro que al margen de ello, estas tres cuestiones estaban en sus prioridades (como interpreto de labios del presidente de la empresa). Para hacer frente a un panorama complicado había que utilizar las bazas disponibles:

1) “Aprendizaje colectivo”: La primera baza –como se indica en su misión- consistió en aprovechar el conocimiento del negocio para la realización de muchas pequeñas mejoras a mínimos costes aprovechando su dimensión de empresa colectiva (economía social). De hecho, en el 2005 la “reconstruida” empresa gana el segundo Premio a las Ideas Colectivas para la Mejora de la Producción convirtiéndose en una de las empresas con mayor experiencia en equipos de mejora que han sido integrados desde sus bases de producción.
2) “Austeridad y apuesta por el largo plazo”. La segunda baza fue consolidar una cultura de esfuerzo y austeridad: no se reparten (ni se repartirán) beneficios. Para afrontar un escenario de dura competencia, los supervivientes de la dura batalla laboral librada en los ochenta, aplicaron lecciones extraídas de su propia experiencia, después de lograr evitar el cierre de la planta: “Del pasado hemos aprendido que no invertir es morir” sintetiza el presidente de la SAL. La autofinanciación es el recurso para conseguir los recursos necesarios en las estrategias a desarrollar (entre otras apostar por mejoras tecnológicas que le han llevado a robotizar determinados procesos como prensas y soldadura para incrementar notablemente la productividad).
3) “Aprovechar sinergias y oportunidades internas”. Pero no se trata de producir más. Hay que aprovechar todas las oportunidades que se presentan. Aprovechando el holgado espacio del que disponía en lo que fueron las antiguas instalaciones de Gursa, Vitrinor puso en marcha un servicio de almacenamiento para sus distribuidores, que le permitió crear nuevos puestos de trabajo. Desde las naves de Guriezo, los productos se llevan directamente al cliente final, evitando a los distribuidores la necesidad de contar con almacenes propios. Este servicio, que ha sido aprovechado por su distribuidora francesa para eliminar su almacén, suposo una ventaja competitiva para la empresa de Guriezo frente sus competidores del Este de Europa.
4) “Ensanchar el mercado”. Una década después Vitrinor se convirtió en una de las tres grandes firmas nacionales del sector y en el fabricante español con más amplia gama de productos, en parte por el éxito logrado por esta firma en los mercados extranjeros, a los que destinaba el 45% de su producción y que le exigían adaptarse a una extraordinaria variedad de gustos locales. En los países árabes, el consumidor muestra preferencia por el esmaltado en colores fuertes y cálidos, de tonalidades rojizas, mientras que los países asiáticos, como Japón o Corea, se inclinan por el esmalte decorado y poco tienen que ver estos gustos con los de Estados Unidos, Latinoamérica o la Unión Europea. ¿Era suficiente? No. Afrontó un plan de inversiones de más de seis millones de euros.

Hoy día, y con la crisis, está aumentando la producción –tiene un cliente muy especial Carrefour- y los puestos de trabajo (más de doscientos cincuenta), algunos de ellos, para hijos de sus socios demuestra que lo que fueron “cenizas” hoy son capacidades empresariales consolidadas.

Otro caso de empresa 2R es la cooperativa Mol- Matric. Su situación es más complicada. Se encuentra en un sector –componentes de automóviles- gravemente golpeado por la crisis. Durante los últimos meses ante la falta de pedidos han tenido que llevar adelante un Ere. Sin embargo, está organizado de una forma poco usual. Además del cobro del paro han creado un sistema al que llaman “banco de horas”, donde la cooperativa presta, por ejemplo, tres semanas, para que el trabajador esté en casa, pagando como si estuviera trabajando. Esas horas el trabajador las debe a la cooperativa. Luego, en Mol- Matric creen que volverá a haber momentos, como ha sucedido en otras épocas, en que sea necesario ir a trabajar los fines de semana o hacer horas extra para terminar con los pedidos. Ese es el tiempo que se descontará de los préstamos que se le han hecho al trabajador o socio. En Mol-Matric parten de la base de que la gente que tienen la precisarán más adelante. Lo fácil sería despedirlos, pero suponen que la crisis no será eterna, y se han dado un año de plazo, que es lo que pueden aguantar entre el paro y lo que pone la cooperativa.

¿Hay algo innovador socialmente en estas experiencias? La verdad es que no en el caso de Vitrinor y si en el caso de Mol-matric (el banco de horas). ¿Hay algo ejemplar? Si, en ambos casos: su resilencia para ser socialmente responsables con sus trabajadores y con el entorno. Pero quisiera subrayar que determinadas estrategias tienen un valor social especial –podría llamarse auténtica responsabilidad social- si se las contempla desde las otras alternativas posibles. ¿Podría haber crecido Vitronor sin crear puestos de trabajo? ¿No debería ajustar su platinlla sin mas Mol Matric para sobrevivir? La respuesta es afirmativa. Podría crear otras filiales en Marruecos o países del Este desde lo que disminuir sus costes de producción. Por tanto crear puestos de trabajo, que dicho sea de paso afianzan el desarrollo local de una zona interior como el Guriezo, o mantenerlos son "las verdaderas acciones de responsabilidad social” que no suelen salir en los periódicos como tal…Sin embargo salen otras empresas con “acciones sociales” deslumbrantes o innovadoras que, poco a poco, van deslocalizándo su sistema productivo. O cosas peores.