domingo, 27 de diciembre de 2009

Autogestión y exclusión: la experiencia de Can Gazá


Acabo de ver la reposición (se emitió por primera vez el 2 de marzo) de un documental –mención de honor de los Premios Reina Sofía contra la droga- en la 2 en Crónicas sobre “Can Gaza: la última estación”. que muestra la vida que llevan personas “marginadas” en la casa, regentada por Jaume Santandreu, un sacerdote que ha realizado un largo camino luchando por los derechos de los pobres y marginados.La mayoría tiene más de 50 años y se encuentran enfermos, algunos en estado terminal y su adicción les ha llevado a perder todo: familia, trabajo, dinero y amigos. Esta experiencia de autogestión es una opción vital desde hace 30 años y durante este tiempo ha transformado esta finca en una especie de comuna en la que conviven como una gran familia y donde pueden morir con dignidad. En Can Gaza no hay trabajadores sociales, ni médicos, ni monitores, ni siquiera cocineros o cuidadores y comen los animales que crían y lo que produce el pequeño huerto, lo que les permite autogestionarse sin apenas recibir ayudas de instituciones. En el documental, los habitantes de Can Gaza hablan de cómo llegaron al mundo de las drogas y el alcohol, su lucha personal para alejarse de la drogodependencia, aunque a muchos aún les queda un largo camino que recorrer. Varios han superado sobredosis o episodios de 'delirium tremens' y recuerdan que no es muy difícil llegara a esa situación, que muchas veces una serie de circunstancias pueden conducir al abismo de la marginación. Un equipo de 'Crónicas' ha recogido las reflexiones de estos hombres que tienen un pasado que quieren olvidar y un futuro del que no esperan nada porque saben que ya no hay vuelta atrás y que han llegado a su última estación.
En su lucha por la autonomía económica acaba de abrir una botiga llamada Antull, en la que se pueden comprar aparatos domésticos, libros, ornamentos y plantas, zapatos, ropa y complementos, muebles o juguetes. Según aclaran fuentes de la institución, se trata de una tienda y no de un mercadillo, aunque sus precios son "dignos, muy módicos y asequibles". Además, no se trata sólo una tienda de segunda mano ya que muchos productos son nuevos, sobre todo los juguetes. La botiga –que se encuentra en el número 85 de la carretera de Valldemossa– abre los viernes, sábados y domingos, de 9 a 21 horas.